La norma básica de la sociedad es el respeto mutuo que las partes interesadas. O por lo menos fue una de las máximas en las que crecí.
Entonces por qué diantres hay "enseres" que no dan lo que piden. Las palabras dichas son tantas como las malinterpretadas. Los gestos son los actos que marca el pensamiento, la voluntad. Así pues, lógico es que indigne contar con la predisposición de terceros antes de actuar más grave será el agravio si después de hacer no se cuenta con la otra parte.
Tanto es así que hablar a espaldas puede ocurrir como a César con su filio Bruto, siendo ambas partes a su vez iguales roles, es decir, quien pactó la traición tanto quien la sufrió. ¿No se hace lo que se aprehende?
Sin embargo, la sola idea de gobernar en los actos de otros es más vergonzante. Manipular la manera de obrar, limita la libertad. Y tanto peor es esta violación si los actos que acompañan son de orgullo por lo hecho. Cuando lo que un acto como este, ejercer un rango superior por conveniencia, solo merece el repudio de los afectados.
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