El discurso del bien y del mal; la corrección de sus argumentos raya el erotismo de la perfección. Es una seducción de ideas escabrosas, crueles y mielíticas. Queda saber ¿Por qué elegir? De qué sirve cuando el ser humano se mueve en devaneos a ritmo de soul*, mientras que la * va vendiendo poco a poco aunque hay ocasiones en las que la* llega a prostituir.
¿Quién osa tener tanto poder? ¿Quién se nombra poseedor del más valioso poder que es el conocimiento? ¿Quién se atreve a tildar los actos de justicia o de vergüenza? ¿Quién es tan obtuso que no se equivoca?
Puesto ¿Si es sabido hasta la saciedad? Que las caras de la historia son muchas además de cambiantes ¿Qué fiar?
Las obras por las que se juzgan son correctas al igual que envenenadas, ambas al mismo tiempo.
Pero al final, cuando la cama llama ¿A qué bando darás lealtad? ¿A quién esperas que te abrace?
Bien y mal, una relación que mutila la razón de sus amantes. Juegan también a confundir que no habría problemas en hacerlos uno.
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