Se perdió la chispa de ilusión; la sensación de hormigueo por los reencuentros; el nervio de esperar; la sorpresa; la expectativa del qué ha pasado.
Se fue desmigajando poco a poco la gracia. Y se miente sabiendo que las bromas de palabras escogidas son trampa, pero necesarias.
Sí, se aprendió a mentir para sobrevivir de sí.
Quedan gestos innatos, esperados por el público.
Se perdió la ilusión por desenvolver un regalo, una taza de chocolate o por un abrazo, aunque fuera un roce. El tiempo de un futuro que no llegó consumió ¿la esperanza? La desconfianza a las acciones, sabiendo [aprehendido] que da igual, no importa, está bien olvidar. Que la palabra no fue escrita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario