Débil cuando me sonríe, y me dice cualquier palabra. Débil cuando me pregunta y no soy capaz de ingeniar, porque quisiera contestar.
Débil cuando nos vemos. Débil cuando se burla de mí, y recuerda que no cambia los planes por cruzarnos.
Llegó el momento. Ese en el cual no importa la palabra que dé, que ya sabemos que es nula. Ese en el que ya no hay más apuestas de riesgo porque no quedan más vidas que jugar.
Me he perdido. Ahora, ¿me busco o sigo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario