jueves, 1 de diciembre de 2016

Culpable: sí, inocente de aberración: no.

Preguntan ociosos, curiosos por saber quien gana la apuesta. Sin cuidado y con malas formas. La sociedad está rota, y que contribuyo a ello. La verdad de la sociedad es que está podrida y no hay quien se esfuerce en cortar por lo sano la infección. Una sociedad asqueada consigo misma, que solo se envenena más porque no sabe perdonar ni quiere evolucionar.

Hace unas noches volvió, y no se va, la sensación de vergüenza por existir, de querer un futuro como cualquier otro ser, de llegar a pensar que merecía y podía tener una vida. Había olvidado las paredes con sus cadenas y la soga que va quitando la respiración. Me avergüenzo, como hacía años, de haber sido fuente de pensamientos locos. ¿Cómo osamos, la sociedad y yo, lanzar discursos que no atienden a la razón?

No está bien esa es la puta realidad. Hay que dejar de engañar con palabras dulces cuando la verdad es que más difícil de hablar. ¿Ignorar? Claro, a ver cuánto tiempo tarda esta vez en irse.

¿Negar? ¿Él qué, no habíamos hecho trato antes?

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