Estaría bien no tener que buscar la salida nada más entrar. Que los hechos fueran aislados. Que la normalidad no fueran líneas palabras esperadas. Que se escuchará la conversación porque las preguntas no son de protocolo.
Estaría bien muchas cosas, pero para ello habría que empezar con la verdad. Parece que ninguno está dispuesto a revelar los faroles. Aceptado está mientras amagamos por la lucha de la veracidad.
Levantemos de nuevo la copa y brindamos por las mentiras, otra vez.
Sigamos con orgullo nuestro lema: pregúntame y te mentiré.
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