Hace frío fuera de la cama, pero da igual en ella también está esa sensación. Es la hora de levantarme, el mundo no descansa.
"Buenos días"- dicen las crías contentas de que estés. "Días"- respondo y voy a la cocina. Hay que preparar el desayuno. No conozco la cocina, me tienen que echar una mano. Tortitas fue el trato de desayunar. Se hacen y devoran.
Cuesta, pero lo consigo. Se ponen a estudiar o por lo menos una está a mi lado, mientras repaso el tema.
Se escuchan muchas palabras a las que no debo prestar atención. Y sigo mi día. Ayudando a las niñas a estudiar y con la casa. Damos una vuelta para despejarnos a un mercadillo medieval que hay. Se encuentran cosas curiosas.
Llegamos a la casa, cenamos e iniciamos una película, al poco recuerdo que no terminé con el temario. Voy a estudiar lo que me falta del tema. No lo consigo. Adiós a la nula concentración. Me acuesto esperando a la comida familiar del día siguiente.
Me levanto con mucha sed. Casi me ahogo con el zumo. Desayunamos churros con chocolate que la madre trajo el día anterior. Nos ponemos a estudiar. "¿Recuerdas los monomios?" - pregunta la mayor. "Creo que sí"- le respondo. Hecho inglés y lengua, nos queda matemáticas...
Seguimos hasta la hora de comer, los padres preparan las cosas mientras nos dejan un rato más de estudio.
Al poco llaman a la puerta. La comida pasa en un pis-pas con bromas y contestaciones. Ya son las siete menos veinte. Se tienen que ir.
Nos despedimos con la promesa de ir al cine o de vernos más.
Otro poco de estudio para las niñas. Yo ya estoy al límite. Y me pongo con sus padres a preparar la cena, pendiente de las dudas que puedan tener.
Es hora de despedirnos, mañana cuando se levanten ya estaré en mi piso. Quieren que las despierten para despedirse mañana. "Tonterías. Dentro de poco nos vemos"- discuto. "¿Lo prometes? ¿Mamá y eso cuándo será?"- pelean ellas. " A la cama, vamos"- finalmente dice el padre.
No hace falta que me despierten por la mañana, ya lo estaba desde un poco más de una hora. Llego al piso, coloco las cosas y me tumbo en la cama.¡Qué almohada más incomoda! Al rato preparo la habitación y salgo a dar una vuelta.
Es bueno poder caminar sin tener que tener cuidado de la hora o por donde. Toca volver y descansar: mañana es un día agotador. Y ya duele la espalda un poco.
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