Tiempo perdido al esperar que alguien recuerde una jauría rugiendo entre pasillos. Los ladridos son ignorados y por comodidad se mueven a un lugar más familiar como una taberna. Terminan sumando más de cuarenta cabezas que no tardan en bravuconear sus fechorías veraniegas.
El sentido de los guías no tarda en llegar, aunque tarde para no perder la costumbre.
Llega el momento, la puesta en escena del Pájaro con un discurso repetido, por bien falta de creatividad o por vagancia, pero con el intento, previsto de fracasar, de una intervención de otras voces en una canción simple que a los diez minutos estaba todo dicho, mas al vocalista le gusta escuchar su voz aun con los nervios por los versos de sus compañeros y las risas de los perros que oyen atentos esperando la liberación. Termina un galimatías por parte de la banda orquestada. Quieren dar soluciones que no cuentan, no para esta generación,por los aullidos de quejas ante la injusticia de la ley planteada, ahora son escuchados son reclamos por los irresponsables que crean la normativa con la que se rebelan.
Así pues, horas malgastadas por el deber sin cambio alguno con los canes de fondo brindando por la "heroica" como ladrido de guerra.
Y otra vez la sensación de dar bienvenida a la Tabula rasa. Todo dicho, por ahora.
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